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Tecnología de producción de microalgas

Producir microalgas de agua dulce a escala combina varias disciplinas: ingeniería celular, sistemas de cultivo y fotobiorreactores, escalado de procesos, automatización, análisis de datos, control microbiológico y optimización de la biomasa. Estos son los pilares que sostienen la biotecnología de microalgas.

Ingeniería celular

La ingeniería celular en microalgas abarca la selección, el aislamiento y la adaptación de cepas con el objetivo de favorecer rasgos de interés: mayor velocidad de crecimiento, mayor contenido de un compuesto concreto (pigmentos, lípidos, proteínas) o mejor tolerancia a condiciones de cultivo. Estos procesos parten de la biología fundamental de la célula —su fotosíntesis, su pared celular y su metabolismo— para orientar la producción hacia el producto deseado.

Entre las aproximaciones habituales del campo están la selección de cepas a partir de bancos de cultivo, la adaptación progresiva a un medio o a una intensidad de luz, y el estudio de las rutas metabólicas que regulan la acumulación de compuestos bioactivos. El objetivo general es disponer de cultivos estables y reproducibles que mantengan sus propiedades a lo largo del tiempo.

Sistemas de cultivo

El cultivo de microalgas se realiza fundamentalmente en dos tipos de sistemas: estanques abiertos —como los canales tipo raceway— y sistemas cerrados. Los estanques abiertos tienen un coste menor y son sencillos de operar, pero ofrecen menor control sobre la temperatura, la luz y el riesgo de contaminación. La elección del sistema condiciona la productividad, la pureza del cultivo y el coste de producción.

En todos los casos, el crecimiento depende de cuatro parámetros principales: luz, temperatura, dióxido de carbono y nutrientes (principalmente nitrógeno y fósforo). Gestionar correctamente estos factores es la base de cualquier sistema de cultivo, ya sea para investigación o para producción a escala. Puedes ver más detalle en la sección de cultivo de microalgas.

Ver cultivo de microalgas

Fotobiorreactores

Un fotobiorreactor es un sistema cerrado diseñado para cultivar microalgas en condiciones controladas, exponiendo el cultivo a la luz a través de superficies transparentes —tubos, paneles planos o columnas—. Al ser cerrados, permiten un control más fino de la temperatura, el suministro de CO₂, el pH y la concentración de nutrientes, y reducen el riesgo de contaminación por otros organismos.

Frente a los estanques abiertos, los fotobiorreactores suelen alcanzar densidades celulares más altas y cultivos más puros, a cambio de un mayor coste y complejidad operativa. Por eso son especialmente adecuados para producir biomasa de alto valor o para mantener cepas que requieren condiciones estrictas y reproducibles.

Producción escalable

El escalado de un cultivo de microalgas consiste en pasar de volúmenes pequeños de laboratorio a volúmenes de producción cada vez mayores, manteniendo la estabilidad del cultivo en cada paso. Habitualmente se trabaja por etapas —del matraz al inóculo, y de este a los reactores o estanques de producción— para que la población celular se adapte de forma gradual a cada cambio de escala.

El reto del escalado es preservar la productividad y la calidad de la biomasa a medida que aumenta el volumen, ya que parámetros como la penetración de la luz, la mezcla del cultivo y el intercambio de gases se comportan de manera distinta en sistemas grandes. Un escalado bien diseñado es lo que permite que un proceso de laboratorio llegue a una producción industrial reproducible.

Automatización

La automatización aplica sensores y sistemas de control para monitorizar y regular de forma continua los parámetros del cultivo: temperatura, pH, luz, oxígeno disuelto, CO₂ y densidad celular. Mantener estas variables dentro de rangos óptimos de manera automática mejora la consistencia entre lotes y reduce la variabilidad propia de la operación manual.

Los sistemas automatizados permiten registrar la evolución del cultivo en el tiempo y actuar sobre él —dosificar nutrientes, ajustar la aireación o la iluminación— sin intervención constante de un operario. En la producción de biomasa, esta capacidad de control fino es clave para sostener la productividad y detectar a tiempo cualquier desviación.

IA aplicada

La inteligencia artificial y el análisis de datos se utilizan en biotecnología de microalgas para interpretar el gran volumen de información que generan los sensores y los sistemas de cultivo. A partir de estos datos es posible modelar el comportamiento del cultivo, anticipar su evolución y apoyar la toma de decisiones sobre cuándo y cómo ajustar los parámetros de producción.

Como campo, la IA aplicada al cultivo se orienta a optimizar el uso de recursos —luz, nutrientes y energía—, predecir el crecimiento de la biomasa y mejorar la reproducibilidad de los procesos. Es una herramienta complementaria a la automatización: donde esta controla, la analítica de datos ayuda a entender y a optimizar.

Control microbiológico

El control microbiológico vela por la pureza del cultivo, evitando que otros organismos —bacterias, hongos, protozoos u otras microalgas no deseadas— compitan con la cepa de interés o comprometan la calidad de la biomasa. Implica el seguimiento periódico del cultivo, normalmente mediante observación al microscopio y análisis de muestras, para detectar contaminaciones de forma temprana.

Buenas prácticas de higiene, medios y equipos correctamente preparados, y un seguimiento sistemático son la base de un cultivo sano y reproducible. En sistemas cerrados como los fotobiorreactores, el control microbiológico es más exigente pero también más eficaz, porque el cultivo está aislado del entorno.

Optimización de biomasa

La optimización de biomasa busca obtener la mayor cantidad y calidad de producto por unidad de recurso empleado. Esto incluye maximizar la productividad del cultivo, pero también orientar el metabolismo de las células hacia la acumulación de los compuestos de interés —proteínas, pigmentos, lípidos o polisacáridos— ajustando condiciones como la luz, los nutrientes o la fase de cultivo.

Una vez producida, la biomasa se cosecha, se concentra y se procesa para su uso final. Las etapas de recolección y secado también forman parte de la optimización, ya que determinan el rendimiento global y la conservación de los compuestos activos. El conjunto de estas decisiones define la eficiencia y la sostenibilidad del proceso de producción.

Preguntas frecuentes

Los estanques abiertos (tipo raceway) son más económicos y sencillos de operar, pero ofrecen menos control sobre la temperatura, la luz y la contaminación. Los fotobiorreactores son sistemas cerrados que permiten un control más fino de las condiciones y cultivos más puros, a cambio de un mayor coste y complejidad.

Los cuatro parámetros principales son la luz, la temperatura, el dióxido de carbono y los nutrientes (sobre todo nitrógeno y fósforo). Gestionarlos correctamente es la base de cualquier sistema de cultivo, ya sea de investigación o de producción a escala.

La automatización utiliza sensores y sistemas de control para monitorizar y regular de forma continua los parámetros del cultivo. Mejora la consistencia entre lotes, reduce la variabilidad de la operación manual y permite detectar a tiempo cualquier desviación del cultivo.

La IA y el análisis de datos ayudan a interpretar la información que generan los sensores, modelar el comportamiento del cultivo y predecir su evolución, lo que apoya la optimización del uso de luz, nutrientes y energía y mejora la reproducibilidad del proceso.

Contenido de divulgación sobre la tecnología general de producción de microalgas. Las capacidades concretas de ALGACEL están pendientes de validación.

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